La teoría de la evolución en sentido amplio y, sobre todo, tal y como la enunció Darwin, ha sido objeto de muchas críticas. Quizá la más importante de ellas es la que sostiene el carácter tautológico de la teoría de la evolución. Recordemos que tautología es una proposición pseudológica enunciada de tal modo que siempre es verdad. Por ejemplo, que hace calor porque hay un montón de calorías en el ambiente, o que hace frío porque hay muy pocos grados de temperatura. Es decir: la pescadilla que se muerde la cola. Las tautologías no son falsables (es imposible demostrar que son falsas) y por tanto no se pueden considerar ciencia. La pregunta es: ¿la teoría de la evolución es una tautología?Los que apoyan esta postura se basan en que la teoría de la evolución predice la supervivencia “de los más aptos”. Pero… ¿los más aptos para qué? Para sobrevivir, evidentemente. Y por tanto, que sobrevivan los más aptos para sobrevivir, es una tautología. Pero este modo de pensar es erróneo. Para empezar, si se reduce toda una teoría a una frase es posible que esa excesiva simplificación lleve a una “construcción” o “forma” tautológica, sin que eso refleje realmente el concepto. La teoría de la evolución no es una frase. Es mucho más que eso. Karl Popper, un eminente filósofo de la ciencia, consideró las teorías de Darwin como una tautología, de valor metafísico pero no científico. Pero más tarde se retractó y enunció la teoría de la evolución del siguiente modo:“todos los organismos, los órganos y el comportamiento animal han evolucionado como resultado de la selección natural, gracias a la cual las variaciones azarosas inútiles han desaparecido, permaneciendo sólo las útiles” (Karl Popper, 1977)Aunque esta afirmación no sea del todo cierta (no todo viene de la selección natural) eso es precisamente lo que la hace falsable: se puede demostrar que es falsa, y por tanto no es tautología.
viernes, 30 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada